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Ahora Alcalá

La Torre Gorda

Últimamente vemos como algunos recurren en demasía al término ‘libertad de expresión’ para justificar sus actos, para defender sus actuaciones fuera de toda lógica. Se está recurriendo a éste para todo, hasta para lanzar falsedades y calumnias. La libertad de expresión no es otra cosa que el derecho a manifestar y difundir libremente ideas, opiniones o informaciones, recogido en la Constitución Española. Es un derecho usado ya en la antigua Grecia y que cobró una relevancia fundamental durante la época de la ilustración.

Pero ¡ojo!!, no nos llamemos a engaño. No todo es admisible bajo el paraguas de la libertad de expresión. Ésta también tiene unos límites claros y definidos, que pasan por vulnerar otros derechos o valores fundamentales. Y ahí es donde algunos se lo están saltando a la torera, haciendo uso de este derecho de forma torticera e interesada para tejer un halo de distracción sobre sus malos hábitos, su nefasta gestión o, simplemente, para hacer daño por diversión o por sentirse en serio peligro.

El uso de ciertas palabras o símbolos, queriéndolos revestir de libertad de expresión, puede atentar contra el derecho del honor o la integridad de otras personas, los cuales también quedan recogidos en la Constitución. Existen muchos casos en los que el derecho de libertad de expresión desaparece. Es el caso de los comentarios que conllevan una incitación al odio, apología de la violencia, injurias, calumnias… Es aquí cuando la libertad de expresión deja de ser un derecho y puede ser constitutivo de una falta o un delito, que puede ser llevado ante la Justicia. Es más, ya hay innumerables sentencias en este sentido, algunas ya por comentarios vertidos en las redes sociales.

Por eso, ante de que algunos lancen su odio, su inquina o su frustración por la situación que están viviendo, por su pesadumbre al sentirse relegados o, simplemente, por no ser escuchados -porque no tienen intención de construir, sino sólo destruir- que se lo piensen dos veces. Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero lo escrito, escrito queda.

 

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