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Cultura

Juan Álvarez: “La oreja cortada es un emblema de la rabia”

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Ahora Alcalá

Hablamos con el poeta alcalareño Juan Álvarez (1974), que está en pleno proceso de promoción de su primer poemario, “Por qué cortarse una oreja”, (Valparaíso, 2018)

No es precisamente Juan Álvarez (Alcalá de Guadaíra, 1974), un poeta diletante, y sin embargo está estos días presentando su primer libro de poemas, una colección de versos que le han servido para llamar la atención de contrastados bardos y algún crítico, que no ha dudado en señalarlo como “la revelación poética de la temporada”. Lo explica de la manera más natural posible:

“Mi vocación viene de antiguo. Podría decirse que lo mío con la poesía ha sido una larga y azarosa historia de amor; una historia secreta, llena de desencuentros, infidelidades y abandonos, pero también de inesperados placeres. ¿Por qué no he publicado hasta ahora? No tengo una respuesta clara. La verdad es que siempre me ha costado poner en valor mi trabajo. Lo tomaba más como un desahogo o un ajuste de cuentas conmigo mismo; algo puramente higiénico. Y es muy probable que todo hubiera quedado en eso si no es por el entusiasmo de mi buen amigo Jesús Carrasco (autor de Intemperie, Seix Barral) y de su editora, Elena Ramírez, que enseguida vieron el potencial de aquellos poemas. Gracias a ellos, pude someter mi trabajo al juicio de voces tan autorizadas como las de Caballero Bonald, Pere Gimferrer y Fernando Valverde, que lo valoraron muy positivamente. Y ahí me quedé sin excusas. Me gusta pensar, en cualquier caso, que el libro ha llegado en su momento. Ni antes ni después”.

Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, aunque en principio pareciera que Álvarez iba encaminado hacia un futuro ligado a las letras inevitablemente, lo cierto es que su camino ha conocido los más peregrinos recovecos profesionales:

“Apenas acabé mis estudios, empecé a encadenar trabajos puramente alimenticios. Había en ello una evidente urgencia económica pero también el deseo de vivir la vida de cerca: verlo, tocarlo y sentirlo todo, algo que por aquella época me parecía incompatible con encerrarme en una habitación a prepararme unas oposiciones. Recuerdo con especial cariño mi trabajo como friegaplatos en cierto restaurante chic de Sevilla. Las jornadas eran largas y extenuantes, y apenas me dejaban tiempo para escribir, pero pusieron en mis manos un material literario de primera. Además, de alguna manera siempre me las apañaba para llevarme a casa alguna rima, con suerte un cuarteto o dos, dándome vueltas en la cabeza. O a la inversa, me llevaba la poesía al trabajo, pues más de una vez enredé a mis compañeros para garabatear efímeros haikus a cuatro o seis manos (a la manera de los cadáveres exquisitos surrealistas) en las pizarras que nos servían para anotar los pedidos del día; algo que nuestro chef acabó prohibiendo tras una sesión especialmente intensa. Hoy día, me gano la vida como puedo ejerciendo de lector editorial y corrector de estilo, y colaborando ocasionalmente con una empresa local (Enefecto 3D) en la elaboración de guiones para vídeos corporativos e institucionales”.

Así llega hasta el momento actual en que se presenta con una colección de poemas que ha llamado la atención de crítica y público, y que el alcalareño defiende explicando que “Por qué cortarse una oreja es, o pretende ser, un poemario de factura clásica que bebe directamente del rico acervo literario del barroco español para explicar y explicarse la realidad más inmediata. Hablo fundamentalmente de Quevedo, pero también del Lope más irreverente. De ahí le vienen, supongo, su tono general de desengaño, su aliento conceptista, su gusto por la germanía y su mezcolanza de registros graves y burlescos. El título, obviamente, remite al famoso y truculento gesto de Van Gogh, y para mí resulta un símbolo más que apropiado del desgarro esencial del poeta, de la imposibilidad de armonizar en un todo coherente la vigilia y el ensueño, la grisura y la belleza, la realidad y el deseo. La oreja cortada es un emblema de la rabia”.

El novísimo Pere Gimferrer ha emparentado al alcalareño con Machado o Blas de Otero, algo que no amedrenta al poeta, que opina que “El libro no esconde sus referencias. Si no están citadas literalmente, aparecen aquí y allá, reelaboradas o en franco diálogo con mis versos. Para quien sepa verlos, ahí están Quevedo, Lope, Ferrán, los Machado, Vallejo, Alberti, Blas de Otero… Y de una forma acaso menos explícita, el inclasificable Pedro Luis de Gálvez, Roberto Bolaño y la musa anónima y tabernaria del flamenco. Pero las comparaciones sirven de poco, apenas para orientar al lector despistado de por dónde van los tiros. Si el libro no se sostiene por sí mismo, no es nada”.

Quizás sea una de sus mayores ventajas el llegar al mercado editorial habiendo pasado los 40 años y con una poética más o menos bien armada. A este respecto, Álvarez se explica argumentando que “No soy un poeta de decálogos. Simplemente dejo, como quería Keats, que el verso aflore en la página como la hoja en la rama: naturalmente. Si tuviera que mojarme con algo parecido a una “poética”, no tendría más remedio que definirla como una suerte de cajón de sastre donde caben todos los recursos de la tradición (y aquí incluyo desde Homero hasta lo que se escribió anteayer); esto es: cualquier cosa que pueda ayudarme a armar un poema medianamente decente. La preferencia por la rima y el metro clásico no es deliberada. Proviene de mis lecturas de cabecera, de cierto apego por el carácter artesanal de la literatura y de mi indisimulada querencia por lo lírico: el cantar, la copla. Y, por supuesto, no se propone como reivindicación de nada. Sinceramente, poco me importan las derivas comerciales del oficio. Me basta con establecer un diálogo honesto y cordial con el lector. Y ahí se acaba la historia”.

Tras pasar por la Librería Término de Alcalá de Guadaíra, donde contó con la presentación de Serafín Moreno, Álvarez adelanta que “Estamos trabajando para cerrar una presentación en Sevilla a finales de este mes o principios del siguiente, y otra en Madrid, aún sin fecha. Luego, quizás Barcelona. Todo dependerá del interés del público”.

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