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Cultura

“Agradezco al ayuntamiento su confianza y la plena libertad para hacer mi cartel”

ALBERTO RUBIO
Ahora Alcalá

Con tan solo 24 años recién cumplidos, el artista alcalareño Alberto Rubio ha sido elegido cartelista de la Feria de Alcalá 2019, un gesto que “agradecerá eternamente a su ciudad” y del que nos adelanta que se trata de una obra inspirada en la pintura modernista iberoamericana del 29 y le ha permitido reencontrarse con las técnicas artísticas que utilizó en sus primeras obras.

El pasado mes de diciembre, Alberto Rubio recibió la llamada del delegado de Fiestas Mayores, Enrique Pavón, y de Paco Mantecón, director del Museo de Alcalá, para comunicarle que había sido elegido por el Ayuntamiento como cartelista de la Feria de Alcalá 2019. Noticia que recibió con la mayor de las ilusiones, y que a los pocos días, comenzó a organizar su aventura.

El mes de enero lo dedicó a preparar los distintos bocetos, y en febrero, cuando deja su trabajo de director de arte en IL Art Gallery de Madrid (desde marzo ubicada en Holanda) para dedicarse a trabajos de restauración y proyectos que le encargan, entre ellos, el que su pueblo le encomienda. Confiesa que además del cartel, llega una época en la que es muy complicado compaginar su labor de artista con otros trabajos. “En estos meses te encargan todo tipo de trabajos para cofradías y otros ámbitos”.

Alberto Rubio tiene 24 años recién cumplidos. Alcalareño de nacimiento, tras acabar sus estudios de Bachillerato de Artes en el IES Profesor Tierno Galván de Alcalá, ejerce estudios de Conservación y Restauración de Bienes Culturales en Sevilla. Cuenta también con una amplia formación en restauración y tasación de patrimonio y bienes artísticos, aunque comenzó a dar sus pinitos desde muy pequeño.

Con tan solo 4 años, gana su primer premio en un concurso de dibujo que organizó la Hermandad de la Virgen del Águila. El trofeo, “un cuento y un diploma que recibió con con gran euforia”, lo rememora como si de un tesoro se tratase. Después vinieron más reconocimientos, fundamentalmente en el mundo cofrade a nivel regional y nacional. A los 7 años, comienza a dar clases de pintura en la Casa de la Cultura con Javier Pérez Begines y con Paco Peña en el Reina Fabiola. Y ya con 11, se convierte en un dibujante autodidacta.

Alberto nos recibe en su casa y nos introduce en su taller. De primeras, mantiene una posición formal, hierática, al mismo tiempo que amable y cercano. Se muestra generoso, para que nos sintamos cómodos y podamos trabajar bien, al mismo tiempo que te permite ver toda la obra con la que cuenta en su estudio. A medida que pasan los minutos, se va sintiendo más cómodo y pasa a narrar sus hazañas como si de ir a tomar una cerveza se tratase. Un ejemplo claro es que minutos después de terminar, tiene que coger un avión que le llevará como destino final hasta Japón.

Recientemente ha creado una empresa de restauración, para la que ya le han encargado varios proyectos. Y nos confiesa que está valorando el volverse a Alcalá dentro de un año para centrar aquí toda su tarea. “Quiero compaginar mi vocación más personal, que es la pintura, con mi profesión de restaurador”, nos confiesa.

Aunque han definido su estilo como hiperrealista, Alberto prefiere catalogarlo como “una conjugación entre el realismo que impregna en los rostros y el impresionismo que plasma en las figuras secundarias, con la intención de crear un foco principal para que el espectador se fije un punto en concreto”. Técnicamente, afirma que su estilo es “realista con ciertos apuntes impresionistas”.

Le gusta el hecho de que la gente sepa distinguir lo que está hecho bolígrafo, de los trazos a grafito, y otorgar realismo a las caras. Por otro lado, no está de acuerdo con que se le otorgue mayor mérito al realismo que el impresionismo. “Con buena técnica y formación, puedes conseguir una buena pintura realista. Sin embargo, con el impresionismo tienes que contar, lanzar un mensaje con menos elementos, y eso es más complicado”.

Se considera un chico muy normal, y no le gusta que lo endiosen cuando hablan de él, aunque entiende perfectamente que cuando las administraciones públicas o alguna entidad privada le encarga algún trabajo, tengan que defender y engrandecer los motivos de su elección.

Le preguntamos por su cartel de Feria, y sólo nos desvela algunos datos. “Se van a mezclar cánones, hieratismo con cercanía, tradición con vanguardia y mucho simbolismo, inspirado en la pintura iberoamericana de 1929, reencontrándome con las técnicas artísticas que utilizó en sus primeras obras y enseñando, por supuesto, a Alcalá”. Va a representar lo que significa la feria para él, con un punto de vista clásico y sobrio.

Alberto considera que un cartel tiene que poder disfrutarlo todo el mundo, “no sólo los entendidos en pintura, aunque evidentemente se componen de trasfondos, iconografías y simbolismos”. No tiene complejos a la hora de hacer lo que el cliente le pida “que para eso va a tener la obra en su casa y en definitiva, es el que paga”.

Tiene claro que lo que hay que conseguir con un cartel es que le guste al público, ser funcional y llegar a las personas. Tener un objetivo claro, en este caso anunciar la Feria, y “si no representa lo que anuncia, no sirve de nada “. Y todo ello tiene que casar con que el artista le impregne su personalidad. “La funcionalidad es primordial, independientemente de que guste o no, pero a la vez que tiene que ser artístico, no vale sólo con ser popular.”

Hacer el cartel de la Feria de su pueblo es un hecho que conlleva mucha responsabilidad, “porque puede ser una lanza para tu carrera pero también puede ocurrir que si no gusta, perjudique ya a tu trayectoria. Hay que ser responsable, serio y respetuoso, y poner tu sello.”

Le preguntamos por sus artistas referentes, y nos habla de tres andaluces. Juan Miguel Martín Mena, de Dos Hermanas, del que admira “su técnica exquisita, mezcla el bolígrafo bic como nadie”. Como artista del impresionismo, destaca la maestría de Nuria Barrera. Y refiere también a Carlos Buendía, diseñador de Linares que ha trabajado para grandes firmas como Loewe, y ha querido no centrarse exclusivamente en la pintura costumbrista.

Le pedimos que nos indique uno de sus trabajos, el que más le haya marcado. Sin dudarlo, señala a su famoso retrato que le hizo a Esperanza de Triana y que tiene colgado en una de las paredes de su estudio. “Esta pintura la hice en mi último curso de carrera, tras muchos años sin tocar el óleo. Fue un proceso lento, porque es una obra de gran tamaño. Disfruté mucho haciéndola, la empecé con 20 años y la terminé con 21, y le tengo una gran estima porque supuso un antes y un después en mi carrera ya que comprobé que podía conseguir plasmar cierto realismo.”

Ahora está trabajando en un retrato de la Esperanza Macarena. Es una imagen mariana a la que tiene gran devoción. Quiere que quede mejor aún que el de la Esperanza de Triana, y que sea una pintura culmen en su trayectoria. Trata este trabajo con muchísimo respeto porque “pintar a una madre es mucho más complicado.”

Alberto Rubio se sincera al confesarnos que va a estar eternamente agradecido a Alcalá por haberle dado la oportunidad de poder anunciar su feria. No teme que tenga mucha o poca prensa. “Que se hable de un cartel, no significa que sea bueno.” Su objetivo es que guste a los alcalareños, a su gente, y bromea sentenciando: “si no gusta, no voy a la feria”. Es conocedor de que se expone a las críticas, pero admite que sería una decepción porque ha derramado todo su cariño en él.

Para el Ayuntamiento, dedica palabras de afecto a Enrique Pavón, delegado de Fiestas Mayores. “Agradezco al ayuntamiento su confianza en mi y la libertad absoluta para hacer mi cartel”.

Un sueño que le gustaría cumplir es anunciar las Fiestas de la Primavera en Sevilla. Hasta entonces, esperamos impacientes el cartel de nuestra feria, que es la suya.

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